Retos y consideraciones del Riesgo Público

para el post-conflicto en Colombia

 



El resultado lógico del fin del conflicto debería reflejarse en el crecimiento económico, el mejoramiento de la calidad de vida, la construcción de un escenario más justo, y el fortalecimiento de la capacidad colectiva para enfrentar nuevos retos, desde la esperanza de un futuro incluyente.

Pero la realidad es un poco diferente.   Estamos enfrentados a una especie de “gatuperio social”, en el que se combinan:  un crecimiento sin oportunidades de empleo formal; mediocres niveles de educación con dificultades de acceso pero que cada día es mejor negocio; crecimiento incontrolado de la informalidad en todas sus manifestaciones; y la respuesta del Estado, que ha sido asistencialista introduciendo nuevos subsidios, que al final son incentivos a la informalidad y a la creación de nuevos focos de corrupción; ingredientes todos, en los que se está sembrando una nueva y sofisticada forma para producir mayor pobreza y desigualdad.

Nuestra fuerza laboral y la del futuro, se está desarrollando en medio de un ambiente de dilemas sociales, que necesariamente afectará el sector productivo, pues la cultura empresarial que surja producto de los nuevos ambientes laborales, serán la consecuencia directa del estilo cultural de sus actores y de los nuevos hábitos de trabajo, que de allí se deriven.  

En este escenario, los riesgos laborales serán cada día mayores y en particular los factores generadores del Riesgo Público, considerando además, el bajo impacto que para los programas de salud laboral y de gestión del riesgo, representan actualmente, sumado al creciente nivel de vulnerabilidad real, frente a este tipo de riesgos.   

Pero, qué es Riesgo Público ?

Un accidente de trabajo puede tener dos orígenes:

  1. Una situación accidental en la que se puede estar presente un acto inseguro o una condición insegura, o la combinación de las dos variables, tal como lo conocemos hoy en los programas de seguridad industrial.

  2. Una conducta intencional que de manera consiente prepare la condición insegura o provoque el acto inseguro, pero que también actúe de manera directa o fortuita en contra de un trabajador o de un grupo de trabajadores con la “intención” de llamar la atención, producir impacto o causar daño, generando lesiones.


En la conducta intencional está la diferencia.   Todos aquellos accidentes e incidentes laborales cuyo origen se encuentre en una “conducta intencional”, hacen parte del escenario del Riesgo Público.

Las enfermedades laborales originadas en factores de Riesgo Público, tienen que ver con las consecuencias físicas o psicológicas resultantes, por vivir una situación crítica, para la cual no se estaba preparado.   

Es común que las víctimas de robo, corrupción, saqueo, acoso, atraco, extorsión, atentados, secuestro y otras conductas típicas del Riesgo Público en el ambiente intralaboral o extralaboral, presenten cambios psicofísicos leves o traumáticos que afectan su calidad de vida y algunas competencias laborales.

La definición cultural más común sobre Riesgo Público que uno se encuentra, refiere todo lo que ocurre en los espacios públicos, exterior a las empresas, y que afecte la salud de las personas.   
Pero esta es una definición muy ambigua, pues involucra una gran cantidad de factores no controlables y que complica los programas de salud ocupacional, a la hora de definir políticas y diseñar estrategias de prevención.   Además, los factores reales de Riesgo Público se encuentran con mayor frecuencia y con más alta probabilidad dentro de las instalaciones de las empresas y en sus procesos productivos.

Siendo la conducta humana la principal característica en este tipo de factores de riesgo, es necesario detenernos por un momento, para analizar un poco la intencionalidad de las conductas cuyo propósito sea la de causar daño y/o generar lesiones; y para eso debemos entrar en los terrenos de la criminalidad, la psicología delincuencial y otras disciplinas; para luego interpretar mejor el impacto que las nuevas condiciones sociales, consecuencia del post-conflicto, tendrán en los ambientes de trabajo, y de manera particular en la salud laboral de los trabajadores en Colombia.

La economía formal es solo un pequeño ambiente, que ocupa una población trabajadora privilegiada, ya que está cubierta y puede disfrutar de todos los beneficios de un buen programa de salud laboral.   Pero, este es solo un componente de una gran atmósfera que la conforman además trabajadores de la economía informal, rebuscadores en la informalidad de la economía informal, una economía que podríamos calificar de trabajo indecente, la economía delincuencial, la pobreza absoluta, habitantes de calle y otros fenómenos socio-laborales consecuencia de la misma necesidad de supervivencia, imperceptibles e ignorados por la sociedad formal y por el estado.

Son muchas y muy variadas las ansiedades que brotan en una atmósfera en la que su componente más pequeño y atractivo es el de la economía formal, porque en él están los sueños de toda una población productiva.   Atractivo no solo por el deseo de querer hacer parte de ella, sino porque cualquier acción formal, informal, legal, ilegal o delincuencial que se emprenda, logra allí su mejor provecho.   Además, la necesidad de mejoramiento para la supervivencia, la ansiedad por lograr mejor calidad de vida o para alcanzar sueños; motiva y estimula conductas formales, informales o delincuenciales justificables desde la óptica de la misma ansiedad o necesidad.

En nuestra historia más reciente, conductas ilegales y violentas como el sicariato, el terrorismo, el narcotráfico, el atraco y otras manifestaciones de gran impacto han surgido en medio de este tipo de fenómenos socio-laborales, igualmente otras conductas menos violentas pero que no dejan de generar impacto como la corrupción, la estafa, y delitos de cuello blanco; tienen su origen en todas las esferas sociales, pero todas ellas tienen una justificación común que se encuentra en un marco cuyo extremo social inferior está en la necesidad de supervivencia,  y en el otro extremo la desmedida avaricia, para satisfacer todos ellos, sus intereses de la manera más fácil,  y en medio de las motivaciones y las oportunidades que la sociedad indiferente y el estado permisivo,  han construido.

En nuestra cultura, afectada por la pérdida de valores y por una actitud egoísta y generalizada, en la que los derechos individuales están por encima del respeto, y de los deberes ciudadanos, laborales, familiares y personales (…) “el fin justifica los medios” !.

En medio de estos fenómenos socio-laborales y la debilidad de la justicia, cualquier organización delincuencial pasada, presente o futura que quisiera desarrollarse, encuentra un escenario favorable y las condiciones ideales para lograr objetivos contundentes.   El ambiente laboral empresarial no es ajeno, y por supuesto que ha sido el más contaminado por este tipo de conductas, generando así, variedad y cantidad de factores de Riesgo Público.  

El concepto del post-conflicto se refiere por ahora a las negociaciones con la guerrilla más antigua de la historia de Colombia; que está sacando ventaja y que ha generado una situación de expectativa transitoria, pero que no va a cambiar de manera importante los factores generadores del Riesgo Público en el ambiente laboral de las empresas, sino que por el contrario se van a diversificar, pues en la práctica se puede estar incubando un nuevo tipo de economía social con cultura delincuencial, paralela a la economía formal e informal, que va a ser inicialmente imperceptible como otras, pero con necesidades de supervivencia, búsqueda rápida de calidad de vida y con sueños individuales por alcanzar, en medio de unas condiciones socio-laborales, por ahora muy poco propicias para lo bueno, y que al final va a seguir motivando y/o estimulando conductas intencionales de agresión, dentro una población trabajadora muy vulnerable hoy, frente a  este tipo de conductas.

El reto para los gerentes y líderes de las organizaciones empresariales, y para los responsables de la salud laboral, es el de identificar y/o reconocer de forma oportuna la amenaza real de acuerdo al ambiente socio-laboral en el que se desarrollan los procesos productivos de la empresa, y adaptarse a tiempo, a la dinámica de las condiciones que los cambios en los fenómenos sociales, vayan presentando.   Tradicionalmente en el ambiente empresarial, esto es función del área de seguridad física, pero la salud laboral es responsabilidad directa del Gerente y cabeza visible de la empresa, que para su gestión delega el compromiso en un líder responsable interno de la salud laboral que debe ser integral, lo que significa que debe tener las competencias necesarias, para gestionar también los factores de riesgo que provienen de conductas intencionales y que componen un programa de prevención en Riesgo Público, debiendo involucrar además, a todos los demás líderes de las diferentes áreas internas de su organización.  

Los responsables de la salud laboral deberán entonces, definir una metodología para el tratamiento del riesgo público, y unas herramientas para el diseño de políticas y estrategias de prevención, atención al menor costo e investigación adecuadas.  En este caso las ARL deberán ser también un apoyo fundamental en la gestión del riesgo.

En el sector de la Vigilancia y seguridad privada, los modelos de servicio deberán repensarse, fortaleciendo el nivel de credibilidad y confianza a partir de estrategias que mejoren los procesos operativos, mediante una supervisión más eficaz y especializada, muy diferente a la tradicional actual, decisiva asistencia en los dispositivos de vigilancia, mayor y mejor apoyo en los puestos de trabajo, eficiencia en los sistemas de comunicación, centrales de información expertas en formalizar de la información informal, áreas técnicas muy profesionales en la prevención y análisis de riesgos, capacitación y entrenamientos coherentes con la dinámica de las nuevas responsabilidades, profesionalización real de los servicios, diseño de protocolos integrales serios y confiables de reacción para el manejo de situaciones de crisis, planes de emergencia integrales y medidos, diseño de herramientas diferentes y/o complementarias a las armas, con el apoyo eficiente de las nuevas tecnologías.

En este escenario, la responsabilidad de la salud laboral de los trabajadores dedicados a la protección de instalaciones, bienes, valores y personas; corresponde tanto a empresas prestadoras del servicio con quienes existe el vínculo laboral, pero también a las entidades, personas y organizaciones usuarias del servicio, quienes deberán garantizar unas condiciones apropiadas ambientales, con herramientas adecuadas para proteger la salud laboral de este tipo de trabajadores, diseñando en conjunto estrategias de prevención que reduzcan los riesgos y faciliten los sistemas de control, sobretodo en actividades con cierta carga de estrés y alto riesgo de agresión, como por ejemplo,  en el manejo de público en salas de espera y controles de acceso, terminales de pasajeros, los servicios de escolta, el control perimetral en lugares vulnerables a la invasión, la protección de equipos en la construcción de carreteras y oleoductos en lugares deshabitados, la protección de campamentos en lugares contaminados de delincuencia o en medio de comunidades facciosas, etc. etc.

Las empresas en todos los sectores económicos, para enfrentar estos nuevos retos de seguridad en la salud laboral, deberán diseñar estrategias internas de alineación estratégica, con políticas adecuadas en la administración del recurso humano, de relaciones industriales, de bienestar, de administración de los riesgos, de prevención y seguridad, y desarrollar sinergia, - en y entre -  todas las organizaciones,  para adaptarlas a las nuevas dinámicas de los riesgos, mejorando así,  los modelos de flujo de información y de comunicación internas, para identificar de manera oportuna indicios que pudieran afectar la salud laboral y cuyo origen se encuentren en factores de Riesgo Público.